LA IMPORTANCIA DE SER UN COACH CERTIFICADO

Así como en otras profesiones, el aval internacional es de suma importancia. En el coaching hoy pasa lo mismo.

¿Quién, además del propio coach, dice que eres bueno en lo que haces?

Hace más de 20 años que me recibí como coach, y durante toda mi carrera, comenzando por la docencia y en los últimos años enfocándome prácticamente un 80% al mundo corporativo, es cada vez más frecuente que a la hora de la decisión me pregunten: ¿eres una coach certificada? ¿qué institución te avala?

Durante todos mis años de formación busqué el reconocimiento y el aval de instituciones nacionales e internacionales que puedan juzgar la calidad de mi trabajo y ubicarla en ciertos estándares que tienen que ver con la experiencia. Me agrada pensar que hay un parámetro internacional contra el cual compararme y saber qué me falta para alcanzar el siguiente nivel.

Me da seguridad saber que respondo a un marco de normas éticas que respaldan mi labor y definen los límites de lo que es o no es coaching.

Por eso, cada vez que puedo, aliento a quienes quieren hacer su camino como coaches a que se certifiquen. Eso habla también de la seriedad con la que tomamos nuestra profesión, habla de un compromiso serio con hacer las cosas bien.

Nadie se operaría con un cirujano que no tuviera título de médico ¿verdad? O al menos, nos aseguraríamos de que ha completado su carrera en una universidad de prestigio y que pertenece a ciertas asociaciones que lo mantienen actualizado.

Lo mismo pasa con el coaching. Hoy las empresas saben y preguntan. Y están en todo su derecho.

Por eso recomiendo hacer programas avalados por organismos internacionales que aseguren los estándares de calidad de los conocimientos y prácticas impartidos. Seamos serios con nuestra profesión y el mercado nos tratará seriamente. Preguntemos quién (además del creador del curso) dice que el curso es bueno.

Cuidemos nuestra identidad. Cuidemos a nuestros clientes.

Y sigamos trabajando para hacer de este mundo, el mejor lugar para vivir.

Por Laura Bicondoa MCC, ICF. Directora- Liderarte Performance & Coaching